
Un cielo de paz
Nos escribe Anastasia, que llegó de Ucrania, junto a su familia, huyendo de la guerra. ¡Gracias por tu mirada!
Me llamo Anastasia, tengo 41 años. Soy de Nikopol, Ucrania.
Con la esperanza de que la guerra terminara pronto, en mi familia no teníamos la intención de irnos. Pero el enemigo se acercaba cada vez más a mi ciudad y decidimos llevarnos a nuestros tres hijos lejos.
La elección de España no fue casualidad. Mi hijo mayor estudiaba en la Academia de Fútbol Dnipro por aquel entonces y el equipo fue invitado a España por un tiempo. Es cierto: con el estallido de la guerra, muchos países europeos abrieron sus puertas a los refugiados y organizaron todo tipo de ayudas y apoyos. Así pues, mi hijo y el equipo partieron a finales de marzo de 2022. El director de la Academia de Fútbol de Huesca lo acogió. También él insistió en que mi marido, mis dos hijas y yo abandonáramos la peligrosa situación.
Llegamos a España el 2 de mayo de 2022. Claro que, en aquel entonces, no imaginábamos que la guerra se prolongaría tanto...

Tras saber de Accem, fuimos a Zaragoza y esa misma tarde nos asignaron a un pequeño pueblo de la provincia de Huesca: Peralta de la Sal. Era un albergue donde vivían ucranianos. Teníamos lo más importante: un techo sobre nuestras cabezas, comida y un cielo de paz.
Desde el primer día, empezamos a estudiar español. Los niños fueron enviados a la escuela. Mi hijo continuó sus estudios. Hicimos amigos tanto entre nuestros compatriotas como entre los españoles. En general, los españoles son gente muy amable y tranquila.
Pronto encontramos trabajo, mi marido y yo. Después de un tiempo, nos despedimos de Accem y empezamos a vivir de forma autónoma. Nos mudamos a Barbastro. Ya hace 3 años que vivimos aquí, trabajamos y seguimos aprendiendo el idioma. Los niños estudian. ¿Qué más se necesita para ser feliz?
Claro que quiero volver a casa, pero esta maldita guerra no tiene fin.
Agradecemos a España que se haya convertido en nuestro segundo hogar. Rezamos por la paz en Ucrania y en todo el mundo. Y la Madre Patria, les digo, es el mundo donde viven mi familia, mis amigos y mis seres queridos.
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