
¿Por qué huyen las personas refugiadas de Mali?
La situación en Mali, que arrastra 14 años de situación de conflicto, violencia, inestabilidad política y deterioro de los derechos humanos, empuja a la población civil al desplazamiento forzoso.
SITUACIÓN ACTUAL DEL PAÍS
El escenario actual en Mali, en situación de conflicto desde 2012, es de gran inestabilidad por la presencia de grupos terroristas en gran parte del territorio del país, ubicado en la región del Sahel, en África Occidental. La última escalada de violencia se produjo los días 25 y 26 de abril de 2026, cuando grupos armados yihadistas, en alianza con los independentistas del norte, desataron varios ataques a gran escala en distintas ciudades, con un gran número de víctimas civiles y con el asesinato del ministro de Defensa.
Este ataque, de carácter coordinado, iba dirigido contra posiciones estratégicas de la junta militar que gobierna el país desde 2021 y ha tenido como consecuencia una fuerte represión por parte de las autoridades malienses. Tras los recientes acontecimientos, Naciones Unidas ha alertado sobre el grave deterioro de los derechos humanos en el país, marcado por el elevado número de víctimas civiles y los desplazamientos masivos.
En un país donde se calcula que 6,4 millones de personas necesitan ayuda humanitaria, la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) ha denunciado que el acceso humanitario es complicado debido a la escalada de la inseguridad, los bloqueos y los daños sobre las infraestructuras de telecomunicaciones tras los recientes ataques. La escasez de combustible y la presencia de grupos armados a lo largo de las principales carreteras limitan la movilidad de la población y el suministro de alimentos básicos.
Según el informe de 2025 sobre Mali elaborado por Human Rights Watch, la situación de los derechos humanos atraviesa un grave deterioro como consecuencia de los ataques sobre la población civil llevados a cabo tanto por los grupos armados islamistas como por las fuerzas armadas malienses y combatientes extranjeros asociados. El mismo informe señala los ataques sobre los derechos civiles y políticos de la población cometidos por la junta militar maliense, que ejerce una fuerte represión sobre la disidencia, la oposición política y los medios de comunicación.
La organización pro derechos humanos Amnistía Internacional señala a las fuerzas de seguridad y a sus aliados como responsables de la desaparición forzada de activistas, miembros de la sociedad civil y figuras políticas, así como de violaciones del derecho internacional humanitario, tortura y homicidios extrajudiciales.
Las elecciones presidenciales, que debían de relevar al gobierno de transición establecido tras el golpe de estado de 2021, han sido pospuestas en varias ocasiones. En 2025, la junta militar prohibió todos los partidos políticos y proclamó al general Assimi Goïta presidente hasta 2030, impidiendo así la celebración de elecciones y la transición a un gobierno civil.

EL CONTEXTO
Mali es una república independiente desde el año 1960. En el año 2012, el presidente del país, Amadou Toumani Touré, después de dos mandatos en el poder tras vencer en sucesivos procesos electorales (2002 y 2007), fue depuesto por un golpe de estado militar.
En ese mismo año se produjo una importante ofensiva militar del Movimiento Nacional por la Liberación del Azawad (MNLA), organización secesionista tuareg, que llegó a proclamar la independencia de este territorio del norte del país que aglutina a las regiones de Gao, Tombuctú y Kidal, sin obtener reconocimiento internacional. Con este objetivo, el MNLA se alió con diferentes grupos presentes en el territorio que perseguían la implantación de la ley islámica. Estas tensiones relacionadas tanto con la rebelión tuareg en el norte como con la acción de los grupos yihadistas tienen continuidad en el presente.
Durante los últimos años, la realidad de la República de Mali ha estado marcada por una gran inestabilidad, con la sucesión de gobiernos, golpes de Estado, injerencias extranjeras, inconclusos procesos de paz y de transición a la democracia. Desde el año 2021, el general Assimi Goïta ostenta la ‘Presidencia de Transición’ del país. En paralelo, y según la Oficina de Información Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores español, la situación de seguridad en el país es “muy compleja” y “se producen ataques terroristas en todo el territorio”.
En la actualidad, el ejército maliense cuenta con el apoyo de los paramilitares del Africa Corps, un grupo gestionado por el Ministerio de Defensa de Rusia que opera como el reemplazo oficial del disuelto Grupo Wagner en el continente africano. Al igual que el antiguo Grupo Wagner, estas fuerzas paramilitares han sido señaladas por su participación en diferentes episodios de violencia y denunciadas por abusos a la población civil en el país.
Las fuerzas de seguridad del Estado y sus aliados persiguen especialmente a la comunidad de etnia fulani, a cuyos miembros acusan de colaboracionismo con el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM), una filial de Al Qaeda, considerada como el principal grupo terrorista que opera en Mali, que busca imponer la ley islámica en la región. La población civil también es objeto de ataque por parte de los grupos islamistas, que acusan a comunidades e individuos de colaborar con las autoridades militares que gobiernan el país.
Además, opera la coalición Frente de Liberación de Azawad (FLA), creada en diciembre de 2024 por la unión de los principales grupos separatistas activos en el norte, entre ellos el Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad (MNLA), que aboga por la independencia de este territorio ubicado al norte de Mali.
Toda esta situación de inestabilidad política y violencia es una de las principales causas por las que las personas originarias de Mali huyen del país en busca de refugio. El deterioro socioeconómico del país también provoca la salida de su población en busca de mejores horizontes. La realidad es que en los últimos años la situación de los derechos humanos ha empeorado notoriamente, como también la situación humanitaria. El país se encuentra en el puesto 188 (sobre 191) en el ranking del Índice de Desarrollo Humano (PNUD, Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, 2023).
Junto a estas realidades tan difíciles se observan otras: aumento de la delincuencia; tensiones entre distintos grupos étnicos; violencia comunitaria relacionada con la esclavitud en algunas zonas; conflictos originados por la disputa de tierras; reclutamiento de la infancia y su empleo para el combate; trabajos forzados; frecuentes secuestros y altos niveles de violencia de género y sometimiento de las mujeres.
Respecto a la situación de mujeres y niñas, cabe mencionar que la mutilación genital femenina (MGF) es una práctica fuertemente arraigada en la tradición de la comunidad maliense. Según datos del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA), el 91% de las mujeres en Mali de entre 15 y 49 años han sido sometidas a práctica, que es causa de asilo en España. El matrimonio forzado también es una práctica implantada en las tradiciones, particularmente en las zonas donde la pobreza y la inseguridad limitan las perspectivas. Según UNICEF, una de cada dos niñas en Mali se casa siendo aún menor de edad. En las zonas de conflicto y en los campamentos de personas desplazadas también se ha observado un aumento de los casos de violencia sexual.
Además, cabe señalar que en las zonas de Mali controladas por milicias yihadistas y grupos radicales como el JNIM, se impone una versión extrema de la ley islámica o sharia, que incluye castigos corporales severos, ejecuciones y restricciones sociales extremas. Finalmente, en Mali, también sufren persecución las personas LGTBIQ+, pues el código penal aprobado en 2024 castiga las relaciones entre personas del mismo sexo con hasta siete años de prisión y una multa elevada.
REFUGIADOS EN EL MUNDO
Actualmente, según los datos de ACNUR, más de 376.000 personas de origen maliense se encuentran fuera de su país de origen como refugiadas. Además, más de 400.000 personas se han visto igualmente obligadas al desplazamiento forzoso, si bien continúan dentro de las fronteras de Mali, principalmente concentradas en Gao, Ménaka, Mopti, Bandiagara, Tombuctú y San, regiones ubicadas en el norte y centro del país.
De manera abrumadora, los principales países que acogen a los refugiados de Mali son los países de la región, principalmente Mauritania y Níger, seguidos por Burkina Faso. Italia y España aparecen como los primeros países fuera de la región del Sahel que acogen y dan protección a los refugiados de Mali.

REFUGIADOS EN ESPAÑA
En España, actualmente Mali es el país a cuyos nacionales se concede en mayor medida alguna de las principales figuras jurídicas de protección internacional. En 2025, un total de 8.097 personas de origen maliense vieron reconocido su derecho a la protección subsidiaria en España y otras 189 personas recibieron el estatuto de refugiado, según los datos de la Oficina de Asilo y Refugio. En total, algo más de 16.000 personas presentaron su solicitud de protección en España a lo largo del año. Según los datos de ACNUR, actualmente 13.865 personas procedentes de Mali viven en España como refugiadas.
Las personas que llegan a España desde Mali lo hacen principalmente a través de la denominada ruta canaria, alcanzando costas españolas mediante peligrosas travesías por el mar. En 2025, el 37% de las personas llegadas a Canarias por vía marítima era de origen maliense. Según ACNUR, esta realidad se ha reflejado en un aumento del 50% de las solicitudes de asilo presentadas por malienses en España en 2025.
En nuestro país, a los/as ciudadanos/as malienses se concede mayoritariamente protección subsidiaria debido a que parte del territorio se encuentra bajo el control de grupos islamistas extremistas o de milicias locales; existe una situación grave de violencia y tensiones entre distintas comunidades y la presencia del Estado es muy limitada. A pesar de eso, hay motivos para reconocer la condición de refugiado a personas con determinados perfiles, debiéndose instruir y resolver las solicitudes de protección internacional en función de las circunstancias individuales de cada caso.

REFUGIADOS EN ACCEM
Mali fue en 2025 el principal país de origen de las personas a las que Accem atendió y acompañó a través de sus distintas líneas de intervención social. Un total de 12.295 personas de origen maliense se vieron asistidas por nuestra organización en su camino migratorio. Si atendemos al periodo de los últimos 5 años, suman un total de 27.847 personas. Es de destacar que la inmensa mayoría -98,6%- fueron hombres, lo que nos indica que el perfil de la migración maliense hacia España está muy masculinizada. Además, atendiendo al perfil por edades, la mayor parte de las personas llegadas de Mali que reciben atención en Accem tienen entre 18 y 34 años.
Principalmente, las personas de Mali son atendidas por Accem a través del programa de Acción Concertada de Atención Humanitaria, que ofrece una respuesta humanitaria a las personas recién llegadas a las costas españolas, procurando apoyo, cobertura de necesidades básicas y fomento de su proceso de integración social. En 2025, atendimos a 7.227 personas de origen maliense a través de este programa.
Al iniciar el proceso de solicitud de protección internacional, estas personas pasan a formar parte del sistema de acogida, en el que Accem facilita información y asesoramiento, se analizan las necesidades de intervención, se garantiza una atención integral, la cobertura de necesidades básicas y de apoyo, y se inicia el proceso de integración mediante actuaciones orientadas a favorecer la autonomía personal y social. Durante el año 2025, atendimos a 3.559 personas de Mali a través del programa de Acción Concertada de Protección Internacional.

Conoce el testimonio de Yacouba Sangare, quien llegó a España en 2024 a través de la ruta canaria, huyendo de la guerra en Mali.
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