
PROGRAMA DE VIVIENDA DE CASTILLA-LA MANCHA, POR UN HOGAR FUERA DE PREJUICIOS
En el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial, reflexionamos sobre las dificultades que muchas personas enfrentan para acceder a una vivienda digna.
El Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial se celebra el próximo 21 de marzo, un día marcado en el calendario que nos recuerda la importancia de seguir luchando contra el racismo y nos anima a poner el foco en el trabajo que aún queda por hacer en la sociedad, promoviendo la justicia y la solidaridad.
Aunque en las últimas décadas se han logrado grandes avances en materia de igualdad, la discriminación racial persiste en algunos ámbitos de la vida cotidiana. Uno de los espacios donde esta desigualdad se manifiesta con mayor claridad es en el acceso a la vivienda.
VIVIENDA: UN PROBLEMA ESTRUCTURAL CON DESIGUALDADES PERSISTENTES
Durante los últimos años, las condiciones para acceder o mantener una vivienda de alquiler se han endurecido notablemente, afectando a toda la población. El acceso a una vivienda digna, un derecho fundamental, se ha convertido en un problema estructural con graves consecuencias, especialmente para las personas en situación de vulnerabilidad.
En este contexto, el Proyecto de Vivienda para la Inclusión en Castilla-La Mancha, desarrollado en las provincias de Albacete y Guadalajara, tiene como objetivo principal facilitar el acceso a una vivienda de alquiler digna a personas en riesgo de exclusión social. Asimismo, busca generar confianza en quienes ofrecen sus viviendas, promoviendo relaciones más justas y seguras entre propietarios e inquilinos.
La consecución de los objetivos del programa se realiza a través de tres ejes de intervención: en primer lugar, el asesoramiento jurídico sobre contratos, cláusulas abusivas, orientación, mediación y formación para el acceso y el mantenimiento de la vivienda de alquiler; en segundo lugar, la sensibilización de agentes públicos y privados para favorecer un mercado inmobiliario más inclusivo; y, por último, la creación de una bolsa de ayudas económicas. El programa se dirige tanto a personas individuales como a unidades familiares con hijos a cargo que presentan dificultades —no siempre económicas— para acceder o mantener una vivienda.
El programa surge con el propósito de combatir estereotipos y desigualdades en el acceso a la vivienda, especialmente en relación con la discriminación. A lo largo de los años, se ha adaptado a los cambios socioeconómicos, pasando de centrarse en la mediación y el asesoramiento a enfrentarse a un escenario mucho más complejo: escasez de oferta, aumento de precios y alta demanda. Actualmente, el mercado inmobiliario presenta importantes desequilibrios que afectan de forma más intensa a colectivos como jóvenes, personas migrantes, familias monoparentales y personas en riesgo de exclusión social, laboral y residencial.
DISCRIMINACIÓN INVISIBLE EN EL ACCESO A LA VIVIENDA
La discriminación racial en el acceso a la vivienda no siempre es explícita, pero sigue existiendo. En muchos casos se manifiesta de forma encubierta, mediante excusas como “la vivienda ya está alquilada” o “no se cumplen los requisitos”, en un contexto de baja transparencia.
Además, el clima social, influido por determinados discursos, puede generar desconfianza hacia ciertos colectivos, afectando a la decisión de los propietarios. Esto impacta especialmente en la población migrante y en personas en situación de vulnerabilidad, que ven reducidas sus oportunidades de acceso a una vivienda. Las dificultades no son únicamente económicas. Existen también barreras sociales e institucionales. La escasez de vivienda disponible, el aumento de la demanda y la actuación de algunos intermediarios inmobiliarios pueden limitar el acceso en función de criterios no explícitos.
Gracias a la ejecución del programa, 120 personas consiguieron acceder a una vivienda en el año 2025. Asimismo, se impartieron formaciones a más de un centenar de personas en materia de búsqueda de vivienda, orientación durante el proceso y mantenimiento del alquiler, con el objetivo de garantizar su estabilidad residencial.
Si bien la discriminación racial no siempre se reconoce de forma explícita, sus efectos se ven agravados en un contexto de precios elevados y alta competencia, donde las personas más vulnerables parten en desventaja. Desde Accem, creemos que garantizar el acceso a una vivienda digna no solo es una cuestión de necesidad, sino también de derechos. Avanzar hacia un modelo más justo e inclusivo implica seguir trabajando para eliminar barreras, prejuicios y desigualdades que aún persisten en nuestra sociedad.
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