
El compromiso de Accem: un refugio para la paz
Comunicado de Accem con motivo del 20 de junio, Día Mundial de las Personas Refugiadas.
Hace 25 años que se marca en la agenda mundial el 20 de junio como el Día Mundial de las Personas Refugiadas. Esta conmemoración se fijó al cumplirse 50 años de la celebración de la Convención de Ginebra de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados, en un mundo que intentaba recuperarse de la devastación provocada por la Segunda Guerra Mundial. Han pasado 75 años desde entonces y desgraciadamente la necesidad de proteger a las personas refugiadas continúa siendo una necesidad de primer orden a escala mundial, como hemos podido seguir comprobando en los últimos doce meses. En Accem conocemos de primera mano las consecuencias de las guerras, de la persecución, de la discriminación grave, de la polarización social que pone en peligro la convivencia y eleva el riesgo de conflicto y del ascenso de tendencias extremistas y totalitarias. Las consecuencias más duras las viven en primera persona, personas de carne y hueso, como todas aquellas que se ven en la necesidad de dejarlo todo para tratar de encontrar la paz en un lugar seguro.
La guerra se cronifica y parece no tener un final en lugares tan castigados como Gaza, Líbano, Sudán, Ucrania o Malí. Guerras que generan un dolor real y que sin embargo integramos con normalidad desde la lejanía de la distancia y la aparente falta de posibilidades reales para ponerla fin. Por otro lado, según Naciones Unidas, los conflictos unidos al cambio climático han generado desplazamientos, hambre y destrucción sin precedentes hasta el punto de que este año se estima en 239 millones de personas las que necesitarán ayuda humanitaria urgente.
En Accem, como organización para el desarrollo social que protege los derechos y la dignidad de todas las personas y muy especialmente de aquellas en situación más vulnerable, queremos en este 20 de junio clamar por el derecho a vivir en paz para todos los seres humanos del planeta. Algo tan básico, tan simple (pero tan complejo) y algo tan fundamental como es poder vivir en paz. En Accem queremos reivindicar la paz como valor y como elemento central desde el que construir una cultura de alcance universal, que respete la vida y la dignidad de las personas. Por eso en este Día Mundial de las Personas Refugiadas reclamamos un refugio para la paz. No lo decimos con ingenuidad, lo decimos desde el compromiso de querer trabajar incansablemente para construir una cultura de paz, caminos para la paz y, definitivamente, refugios para la paz.
Bajo esta mirada vemos con preocupación que el PEMA (Pacto Europeo de Migración y Asilo) se implemente haciendo primar una visión basada en conceptos como la seguridad y el control migratorio, reforzando los enfoques y relatos que estigmatizan y criminalizan a las personas refugiadas y migrantes e introduciendo elementos que reducen garantías para el ejercicio de derechos fundamentales como el derecho de asilo.
Sin embargo, afirmamos que el que PEMA no obliga necesariamente a los Estados miembros a bajar sus estándares de acogida y atención, ni a tener que implementar centros de detención y deportación en terceros países. Abre, esto sí, la puerta a que sean los gobiernos nacionales los que toman esta decisión y establece unos mínimos comunes.
En este sentido, y en el plano nacional, en Accem consideramos que los mínimos alcanzados en nuestro país deben mantenerse y mejorarse, así como que el enfoque para abordar las políticas migratorias debe siempre orientarse hacia el respeto a los derechos humanos y el cumplimiento del derecho internacional, incorporando principios de cultura de paz que favorezcan la integración, el diálogo intercultural y la prevención de conflictos.
Queremos incidir, del mismo modo que venimos haciendo, en que es prioritario que se establezcan vías legales y seguras para que las personas con necesidad de protección puedan acceder a territorio europeo sin poner su vida en riesgo ni tener que recurrir a vías irregulares e inseguras.
No podemos obviar que todo esto se enmarca en un contexto político global de estigmatización de los movimientos migratorios y de las organizaciones sociales que procuran atención y dignidad. En nuestros esfuerzos por construir una cultura de paz adquiere un carácter prioritario la desarticulación de las falsas narrativas actualmente en auge que criminalizan a las personas migrantes y refugiadas.
Ponemos por último el foco en lo que llevamos haciendo más de 35 años: en la necesidad de dar una respuesta a las personas refugiadas, atendiendo sus necesidades, acompañando sus procesos y apoyando su inclusión en la sociedad española. Así lo llevamos haciendo desde hace muchos años y así lo seguiremos haciendo, paso a paso, sembrando empatía, solidaridad y humanidad como ingredientes esenciales de nuestro refugio para la paz.
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